miércoles, 16 de agosto de 2017

LA DESTRUCCIÓN DEL SUEÑO FERROVIARIO

Imagen de "Sputnik Mundo"
Por Roberto Marra

A lo largo de los últimos sesenta años de nuestra historia, el sistema más importante de comunicaciones terrestres, el ferroviario, ha sido objeto de ataques reiterados y destrucciones permanentes, a instancias de los poderosos grupos de presión del transporte automotor, con las inconsistentes disculpas de supuestas “agilidades” y prestaciones superiores.
Esa miserable campaña de desprestigio, a veces con la colaboración de sindicalistas obsecuentes del Poder, logró reducir en forma dramática la extensión de la red ferroviaria, al punto de la desaparición concreta de centenares de poblaciones, al quitárseles el “oxígeno” vital para sus desarrollos.
Siempre con mentiras a flor de labios, cada dirigente político que asumió la tarea destructiva del ferrocarril lo hizo en nombre de supuestas “modernizaciones” comunicacionales, que resultaron en fiascos reiterados y profundización del aislamiento regional. Solo negocios sucios y prebendas innegables se generaron por esas acciones antinacionales. Negocios que involucraron, reiteradamente (aunque no solo), a los empresas del actual Presidente de la Nación y su familia.
Las autopistas y carreteras construídas con la grotesca disculpa de reemplazar al transporte ferroviario, sirvieron solo para impulsar beneficios empresariales sin límites, sumado al increíble y ridículo sistema de peajes que termina de cerrar el círculo del “negocio perfecto”.
Ahora vuelven al ataque. Con las mismas o renovadas coartadas pretenden convencer de que están ayudando a “urbanizar asentamientos” levantando vías y ocupando trazas ferroviarias. Ilusorias fantasías que propagan para acceder a tierras apetecidas por las carnívoras inmobiliarias que serán las que, tarde o remprano, se llenarán los bolsillos por el uso de esos privilegiados dominios.
Desde Frondizi y su Plan Larkin hasta Ménem y su “ramal que para, ramal que cierra”, nos han ido quitando soberanía y capacidad de desarrollo autónomo en materia comunicacional. Ahora, después de un período de recuperación ferroviaria tan valiosa, con esperanzadoras previsiones para un futuro que parecía tan virtuoso, vuelven los cantos de sirenas a convencer de lo imposible de creer.
Otra vez la amenaza de terminar con el ferrocarril. Otra vez el oscuro futuro de las vías muertas y el desguace de sus bienes. Otra vez la tarea sucia de destruir los sueños de todas las generaciones de argentinos de bien, crecidas al ritmo del dulce traqueteo del paso de un convoy.

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