martes, 13 de enero de 2015

ES EL CAPITALISMO, CHARLIE

Imagen www.poblanerias.com
Por Javier Chiabrando*

Qué fácil es decir que la masacre de París es un problema de intolerancia. Como si un par de intolerantes, como barrabravas de River, hubieran ido a masacrar a una docena de barras de Boca. Si esta violencia fuera un problema de intolerancia sería relativamente fácil de resolver. Metés presos a algunos intolerantes, creás leyes contra otros, y chaupinela. Los ingleses lo hicieron con los holligans sin despeinarse. Tampoco se puede explicar la masacre diciendo que el Islam es malo; si fuera así Europa estaría diezmada. Y en cuanto a la palabra terrorista, es más útil para los titulares y los discursos que para tratar de entender.
Acá lo que hay es que el occidente imperialista ocupó con ejércitos, dinero o cultura territorios ajenos, sea por petróleo, control territorial, la guerra fría o de angurria (el capitalismo es así, tecnicolor y angurriento), y los habitantes de esos territorios debieron irse a otro lado; y lo que más cerca les quedaba era la casa natural de sus invasores: Europa. Los invasores no la vieron venir. Quizá contaban con poder matarlos a todos (excepto los que necesitaban como esclavos o alcahuetes), y no les alcanzó el tiempo o las balas.

Los desplazados llegaron a ser millones, y han traducido el poder numérico (un tercio de la población de Berlín es turca, por ejemplo) en poder religioso y cultural. Aún no han logrado transformarlo en poder político; es cuestión de tiempo. Y una Europa musulmana también es cuestión de tiempo. O sea: el escenario de la disputa, el campo de batalla, el enfrentamiento de culturas, se ha trasladado de los territorios ocupados al territorio del ocupador. Mientras que donde hay petróleo hay una relativa paz (si no, no se puede lucrar tranquilo), la casa, que gozaba de una paz y de una libertad más o menos duradera, está en desorden. Y no tan duradera, porque en el siglo XX tuvieron dos guerras mundiales, millones de gaseados y limpiezas étnicas a pocas millas de París.

Es verdad que los asesinatos en Charlie son un atentado a esa libertad, ahora; ¿qué libertad defiende el occidente imperialista cuando se hace la boluda con el golpe de estado en Egipto o los bombardeos en Gaza? ¿Defienden la libertad de los muchachos de Charlie a bromear sobre cualquier cosa? ¿O defienden la de imponer sus ideas de civilización (una democracia que no jorobe los negocios), a cualquier costo? Porque si construís tu libertad a los tiros (invadieron Afganistán e Irak sólo en la última década) no podés pedir que te respondan (porque tu promocionada libertad atacó la de los otros) con canciones de amor. Van a responder a los tiros. Y los tiros, ya se sabe, matan a cualquiera.

Es más, en las guerras mueren menos soldados que giles que pasaban por ahí. En esa categoría entran los muchachos de Charlie, pasaban por ahí (seguramente los eligieron por la alta carga simbólica de sus muertes, o porque realmente los odiaban, lo que lleva a que la explicación de la intolerancia vuelva a ser razonable; y si a eso tres chiflados asesinos se les hubiera ocurrido descargar las Kalashnikov contra gente de la calle, hubieran muerto doscientos y Europa no dormía en una década); pero los engranajes que construyeron esa balacera delirante se aceitan en los despachos de los grandes capitales, de los bancos, de los políticos y militares que deciden la muerte de miles de Charlie en otra parte del mundo, sin despeinarse, sin perder el apetito, sin sentir culpa, sin que nunca sean acusados de intolerantes o fanáticos.

El occidente imperialista construyó su poder, y por lo tanto creó su derecho a la libertad, y todas esas frases muy bonitas que se han dicho en estos días, matando y esclavizando. Para que ningún blanquito se pinchara los dedos levantando algodón, las mujeres se liberaran de la cocina y los hombres fueran libres de coger a cualquier hora sin molestar a la patrona, acarrearon como ganado negros y negras de Africa. Esos negros y esas negras eran también Charlie, giles que pasaban por ahí, justo cuando el barco estaba cargando mercadería. ¿Son esas acciones también las que terminaron por construir esa libertad que ahora fue atacada?

Los bienpensantes claman por olvido. Dicen: dejemos eso atrás y vivamos en paz. Pero siempre le piden olvido a las víctimas. ¿Por qué no se olvida el occidente imperialista del petróleo, deja de ocupar territorios ajenos, y deja que el mundo árabe y negro se rija con sus propias reglas? Igual ya es tarde. Y el precio a pagar son estas muertes. Dicen que de estos atentados van a sacar ventajas las ultraderechas. No habrá gran diferencia. Y ser de ultraderecha también es parte de ese derecho, de esa libertad que goza Europa y que ahora fue atacada. Además el capitalismo es inmune al fascismo, a los ningunismos y a las izquierdas europeas, que es casi nada.

¿Estaría dispuesto el occidente imperialista a reconocer que hay cosas de las que no se pueden burlar, por ejemplo Mahoma? ¿Sería una claudicación o una contribución a la paz? Suena horrible, pero el occidente imperialista sabe de eso. Hace poco más de medio siglo obligaban a los judíos a llevar identificaciones cosidas en sus ropas y a vivir bajo un status diferente. Y no me refiero a los nazis, porque si los libros no mienten, a Irene Nemirovski, escritora y judía, la llevaron a los campos de exterminio los mismísimos franceses, ¡oh la la! ¿La mataron para contribuir a crear la libertad que gozan ahora? ¿Cuánto hace de esto? ¿Mil años? No, setenta. Nada. Ayer.

Los muchachos de Charlie tenían derecho a la libertad de reírse de cualquier cosa porque su cultura era la ganadora de la contienda. En el mundo de los perdedores salís a pedir pan y te tiran una bomba atómica en la cabeza. Y no se crea que hoy no matan más Nemirovskis porque ya conquistaron esa libertad que ahora les hace golpearse el pecho. En realidad lo hacen, pero lejos. En el mundo árabe o en Africa o en Latinoamérica. Matan Nemirovskis y Charlies a cada rato, pero en otro continente, noticia que nunca se conoce porque no es noticia. Porque no sucedió en París.

Repito: ¿sería una claudicación para el occidente imperialista llegar a la conclusión de que - por la paz del mundo- hay cosas de las que no se puede burlar? No es tan raro. Si hace apenas veinte años nuestros queridos hermanos occidentales incendiaban cines cuando daban la película de Scorsese sobre Cristo. Aún hoy la iglesia católica impide la difusión de libros o películas.

Hay tanta gente callada por obligación, por la prepotencia del occidente imperialista, que hacer que ese occidente se calle un poco por amor a la paz no es una mala opción. Igual no se haga ilusiones. También es tarde. Igual el daño ya está hecho. La libertad fue construida con bombas. La opulencia con hambre. El poder con desplazados. Y con todo eso deberemos convivir. Ahora a aguantárselas.

*Publicado en Rosario12

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